Durante su visita al país, la neoyorquina dio muestras del talento que la ha capultado a lo más alto de la fama mundial
Los monstruos salieron de los resquicios. Invadieron el Foro Sol al amparo de su reina. Al cobijo de la noche se entregaron al ritual de seducción que emanaba del escenario.
Había espacio para cualquiera. Los límites se difuminaban a cada corte, con cada insinuación de aquella a la que han enarbolado como su guía desde el entarimado. Ahí, Lady Gaga jugaba con la gente. Los miraba desde la altura del pedestal de su fama pero lo hacía con la gracia de quien pretende hacer a todos bienvenidos.
Cuando el reloj marcaba las 21:45 horas, Gaga apareció en medio de un séquito, a bordo de un caballo falso con la que recorrió la pasarela frente al escenario.
Al fondo, la escenografía simulaba un castillo gótico de cinco pisos. La misma, realizada por TateTawers, permitía que Gaga dejara claro que aquel era su reino.
Apenas con la tercera canción Gaga retaba a todos cuando simulaba un parto sobre el escenario.
“Ciudad de México, no soy una prisionera. México, ustedes son el futuro”, dijo antes de ejecutar Born This Way.
El público, 45 mil 700 personas según OCESA, promotora del concierto, respondió de inmediato. Los gritos se apoderaron del lugar cuando Gaga aseguró que aquella noche de viernes su futuro era propiedad de sus seguidores mexicanos.





